Parece muy simple, pero es sumamente poderoso.
¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes
para crear. [...]No son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza. [...] Pero son como una espada de doble filo.[...]es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir a millones de personas.
Continuamente estamos lanzando "hechizos" con nuestras opiniones.
Por ejemplo, había una vez una mujer inteligente y de gran corazón. Esta mujer tenía una hija a la que adoraba. Una noche llegó a casa después de un duro día de trabajo, muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza. Quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente. No era consciente de cómo se sentía su madre; estaba en su propio mundo, en su propio sueño. Se sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor.
Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre aún
empeoró más, hasta que, en un momento determinado, la
madre perdió el control. Miró muy enfadada a su preciosa hija y
le dijo: “¡Cállate! Tienes una voz horrible. ¿Es que no puedes
estar callada”?.
Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre
frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su
hija fuera horrible. Pero la hija creyó lo que le dijo su madre y
llegó a un acuerdo con ella misma. Después de esto ya no
cantó más, porque creía que su voz era horrible y que molestaría a cualquier persona que la oyera. En la escuela se volvió tímida, y si le pedían que cantase, se negaba a hacerlo. Incluso hablar con los demás se convirtió en algo difícil. Ese nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña: creyó que debía reprimir sus emociones para que la aceptasen y la amasen.
Siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a
un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro sistema de
creencias. La niña creció, y aunque tenía una bonita voz, nunca
volvió a cantar. Desarrolló un gran complejo a causa de un "hechizo", un "hechizo" lanzado por la persona que más la quería: su propia madre, que no se dio cuenta de lo que había hecho con sus palabras. Desconocía el poder de sus palabras, y por consiguiente no se la puede culpar. Hizo lo que su propia madre, su padre y otras personas habían hecho con ella de muchas maneras diferentes: utilizar mal sus palabras.
Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente
y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias."
Fragmentos del libro "Los cuatro acuerdos" de Miguel Ruiz.
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