Era algo tan fuerte y duro, que la condicionaba en casi todo. Su corazón quería salir de ahí, saltar, gritar, correr, pero no podía hacerlo con ese muro apresándole. Un corazón tan grande que apenas podía respirar en ese espacio tan pequeño.
Cuando alguien le hacía una pequeña grieta, un pequeño agujero por el que entraba un poco de luz, latía muy fuerte, tanto que provocaba un terremoto en su "prisión".
A veces, por eso, le caían escombros y le hacían más daño, pero es que nada dolía más que estar ahí encerrado y solo.
Pero en el fondo tenía miedo, él sabía porqué estaba encerrado, había volado tan alto tantas veces que cuando se caía, acababa el triple de roto... aunque ahí estaba él, aún latiendo buscando algo que le diese alas y no se las arrancaran como siempre le había pasado.
Quiere salir, pero no quiere volver a caer.
Dándose cabezazos día a día para llegar a esa luz tan leve que entra por ese hueco. Esa luz que no esperaba ver y que le encanta sentir.
Solo queda esperar, antes de volverse a escapar.
A.
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