lunes, 19 de noviembre de 2012

El Vampiro.

Tú que, como una cuchillada;
entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
de demonios, viniste loca y adornada,

para hacer de mi espíritu humillado

tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
como el forzado a su cadena,

como al juego el jugador empedernido,

como el borracho a la botella,
como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!

Supliqué a la rápida espada

que conquistara mi libertad
y supliqué al pérfido veneno
que sacudiera mi ruindad.

¡Ay! el veneno y la espada.

me desdeñaron diciéndome:.
-No eres digno de que se te libere
de tu esclavitud maldita.

-¡Imbécil! -Si de su dominio

te libraron nuestros esfuerzos,
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro.

Charles Baudelaire.



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